Sin duda, nada de esto lograba quitarle el sueño, aún a pesar de los reclamos de su madre que constantemente repetía que a sus 36 años ya debía pensar en asentarse y formar una familia o "por lo menos" conservar el trabajo que tanto le costo encontrar. Andreia sabía que nada de eso servía si no lograba sentir cada paso que daba como suyo. Ella no iba a renunciar a su libertad ni a la fascinante posibilidad de poder seguir eligiendo sus travesías. Pero había que sobrevivir y pagar cuentas, así que ni bien terminó son los papeles del empleo anterior empezó a buscar trabajo. Pasó lo que siempre pasa, sea Río o Madrid, los trabajos interesantes y bien remunerados escasean, son una combinación en extinción. Así que, tuvo que elegir entre lo lucrativo o lo satisfactorio y, dadas las circunstancias, el dinero era lo más importante. Consiguió convertirse en asistente de producción de un programa concurso. El sueldo era bueno pero el reto profesional era mínimo. Todo consistía en preparar rutinas o guiones pueriles y asegurar la visita de famosillos. Nada que ver con sus inquietudes. Nada que ver con eso que imaginó cuando terminó la facultad. Pero la realidad es lo que hay y ante eso no queda más que acomodarse, respirar profundo y seguir para adelante.
Lo intentó por un par de meses, pero un buen día- casi llegando al fin de año- algo en ella se volvío a rebelar y simplemente renunció. Tomó sus ahorros, armó una pequeña maleta y decidió que recibiría el 2009 en Guatemala. Llamó a la línea aérea y se dispuso a usar el boleto que casi un año antes le había comprado su novio- ahora era su ex y vivía en Antigua- para que fuera a visitarlo.
Sintió que era el momento adecuado. No iria en busca de una relacion ya extinguida sino en busca de lo que esa nueva travesía podía traerle. Haber guardado ese boleto era como una señal-por lo menos así lo sentía ella- de que había busquedas que aún no había realizado y que quedarse en el puerto era lo seguro pero no lo lógico.
Se marchó un día 30, no sin antes dejarle una nota de saludo y despedida a su madre, que finalmente era la única persona que a pesar de no comprenderla la quería ."Es tiempo de zarpar, el próximo puerto espera y yo solo se vivir navegando".


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