No olviden que al presionar "entradas antiguas" pueden ver todo lo que publicamos anteriormente.
i love music
sábado, 1 de octubre de 2011
jueves, 27 de agosto de 2009
De paseo por la realidad
De vez en cuando me gusta encontrarme cara a cara con la realidad, esa que a veces parezco olvidar por estar enfrascada en mis propios mini dramas personales y enfocada únicamente en esos planes que aún aspiro realizar. Cuando logro escabullirme de ese mundo que he creado a mi alrededor- lo que me resulta cada vez más difícil- me encuentro con que las cosas, la vida , la gente en las calles, esconde demasiadas sorpresas no siempre agradables. Retazos de historia que tratan de contarte en solo un minuto para lograr que empatices, que te conmuevas, que abandones por un momento tus problemas y recuerdes que allá afuera siempre hay algo peor sucediendo, siempre hay un ser humano que está pasando por una situación infinitamente más difícil que la tuya y simplemente tiene el coraje de bancarsela y seguir buscándose la vida.
Por eso ayer me subí a un bus, después de mucho. Tenía que ir al Centro a buscar una persona, a seguir intentando, a tratar de bancarme lo que pasa y no me gusta. Y de pronto allí , en medio de mi viaje y rompiendo la quietud- o más bien la inquietud- de mis pensamientos, apareció ese hombre, flaco , desdentado, con la piel color gris- ese gris que anuncia enfermedad y tal vez algo peor. Cuando lo ví, allí parado , empezaba el típico discurso con que se encuentra uno en esos casos " amigo, disculpa por interrumpir tu tranquilo viaje...". Continuo contando su historia. Era trujillano. Había llegado a Lima para trabajar, buscó un empleo y le mandaron a sacar un certificado de salud. Se hizo los análisis y oh sorpresa, la prueba de Elisa dio positiva. Portador de VIH, fue la etiqueta que cargaría desde entoncesy para siempre. Adiós trabajo , adiós salud, adiós futuro. Todo esfumado en un solo instante, pensaba mientras le seguia escuchando.
"Voy todos los días al Hospital Dos de Mayo, al pabellón Santa Rosa, destinado a tratar a todos los enfermos de SIDA. Allí recojo tres pastillas- mis antiretrovirales- que no me van a curar, pero me ayudan a vivir ,a seguir luchando hasta que Dios disponga", seguía contando y yo solo podía pensar cuan ajeno vive uno a ese mundo, a esas vidas que pugnan por una esperanza, que están ahi, en ese pabellón por tan distintas razones y sin embargo condenados a un mismo final. tal vez alguna vez debería visitar ese lugar para entender un poco más lo que es la vida, lo que es la muerte, lo que es el sufrimiento de verdad.
Cuando pensé que ya iba terminando y solo atinaría a pedir dinero. Sacó su bolsa de caramelos, tal vez convencido que en estos tiempos nadie te da algo a cambio de nada, por más conmovedor que resulte el caso; o tal vez lo hizo porque ese pequeño intento de ser útil y producir sin apelar solo a la compasión, era mejor visto, era aún más conmovedor y no habia demasido espacio para la negativa. Ya estaba yo a punto de sacr las monedas de mi billetera, cuando reparé en un detalle. Ese pobre hombre desgraciado, sin suerte y que llevaba a cuestas una enfermedad mortal, cargaba también una pulsera de oro y una argolla enla oreja que parecía también hechade ese metal precioso y carísimo. En ese momento mi chip desconfiado saltó, esos accesorios eran o parecían e oro...así que es que había dicho antes de que prefería subr a un micro en vez de robar - frase que siempre me sonó a algo entre chantaje y amenaza- no era tan cierto y solo en ese preciso instante reparé en lo fácil que ser envuelto en una historia dramática y lacrimógena y no se detiene uno a pensar en los detalles.
No digo que el hombre ese no tuviera de verdad la enferedad. En realidad es muy probable que así sea porque su semblante lo delata. pero la verdad es que , los detallitos en oro me hicieron pensar, y solo por si acaso preferí guardarme esas monedas para algien menos ostentoso.
Por eso ayer me subí a un bus, después de mucho. Tenía que ir al Centro a buscar una persona, a seguir intentando, a tratar de bancarme lo que pasa y no me gusta. Y de pronto allí , en medio de mi viaje y rompiendo la quietud- o más bien la inquietud- de mis pensamientos, apareció ese hombre, flaco , desdentado, con la piel color gris- ese gris que anuncia enfermedad y tal vez algo peor. Cuando lo ví, allí parado , empezaba el típico discurso con que se encuentra uno en esos casos " amigo, disculpa por interrumpir tu tranquilo viaje...". Continuo contando su historia. Era trujillano. Había llegado a Lima para trabajar, buscó un empleo y le mandaron a sacar un certificado de salud. Se hizo los análisis y oh sorpresa, la prueba de Elisa dio positiva. Portador de VIH, fue la etiqueta que cargaría desde entoncesy para siempre. Adiós trabajo , adiós salud, adiós futuro. Todo esfumado en un solo instante, pensaba mientras le seguia escuchando.
"Voy todos los días al Hospital Dos de Mayo, al pabellón Santa Rosa, destinado a tratar a todos los enfermos de SIDA. Allí recojo tres pastillas- mis antiretrovirales- que no me van a curar, pero me ayudan a vivir ,a seguir luchando hasta que Dios disponga", seguía contando y yo solo podía pensar cuan ajeno vive uno a ese mundo, a esas vidas que pugnan por una esperanza, que están ahi, en ese pabellón por tan distintas razones y sin embargo condenados a un mismo final. tal vez alguna vez debería visitar ese lugar para entender un poco más lo que es la vida, lo que es la muerte, lo que es el sufrimiento de verdad.
Cuando pensé que ya iba terminando y solo atinaría a pedir dinero. Sacó su bolsa de caramelos, tal vez convencido que en estos tiempos nadie te da algo a cambio de nada, por más conmovedor que resulte el caso; o tal vez lo hizo porque ese pequeño intento de ser útil y producir sin apelar solo a la compasión, era mejor visto, era aún más conmovedor y no habia demasido espacio para la negativa. Ya estaba yo a punto de sacr las monedas de mi billetera, cuando reparé en un detalle. Ese pobre hombre desgraciado, sin suerte y que llevaba a cuestas una enfermedad mortal, cargaba también una pulsera de oro y una argolla enla oreja que parecía también hechade ese metal precioso y carísimo. En ese momento mi chip desconfiado saltó, esos accesorios eran o parecían e oro...así que es que había dicho antes de que prefería subr a un micro en vez de robar - frase que siempre me sonó a algo entre chantaje y amenaza- no era tan cierto y solo en ese preciso instante reparé en lo fácil que ser envuelto en una historia dramática y lacrimógena y no se detiene uno a pensar en los detalles.
No digo que el hombre ese no tuviera de verdad la enferedad. En realidad es muy probable que así sea porque su semblante lo delata. pero la verdad es que , los detallitos en oro me hicieron pensar, y solo por si acaso preferí guardarme esas monedas para algien menos ostentoso.
martes, 25 de agosto de 2009
Recuerdos de un encuentro que no fue
No hay manera de retroceder el tiempo y volver a ese 19 de febrero. Pero mi mente , que no conoce de aquellos límites, siempre se las arregla para regresar a ese día, a ese momento una y otra vez. A veces vagas y como en un ensueño , las imágenes desfilan en mi memoria y me dejan siempre la misma sensación. Saudade. Alegría por lo que fue -o casi- y nostalgia de saber que ya todo pasó y no volverá jamás.
Con frecuencia me pregunto porque dejé pasar esa oportunidad de alcanzar eso que tanto había esperado. Ese día , en ese lugar , habría bastado solo una palabra mía, unas cuantas actitudes y casi con seguridad habría logrado mi objetivo. Pero no lo hice. Preferí tomar el otro camino, ese que tanto me gusta seguir y que hasta el momento no me ha dado sino sinsabores. Esperé por una señal, por esa dichosa señal que jamás llegó o que tal vez no supe ver. Y el asunto es que los minutos se me escurrieron, la esperanza se derritió y mi sueño se esfumó.
Tengo tan vivas las imágenes de ese día, de esos minutos no interminables sino tan acelerados; de esas personas que aparecían y desaparecían sin ser ninguna la indicada, esa que yo esperaba. Tengo tan presente esa angustia que me invadía, esa impotencia de saberme tan cerca y tan lejos, tan abrumadoramente cerca de su espacio pero tan lejos de su mente. Y esperaba, y esperaba y seguía esperando por esa señal sin atinar a nada más.
Creo que si me detengo y lo analizo sé muy bien por qué no lo hice, por qué dejé pasar esa oportunidad. Fue miedo. Un miedo arrollador a terminar de matar esa ilusión, a comprobar que ese era el final escrito, que aunque apareciera, aunque llegara, eso que para mí era un punto de quiebre, no era más que una anécdota.
Me dio miedo la verdad, la posibilidad de encontrarme con el vacío. que es tal vez peor que seguir conviviendo con la ansiedad de querer y no poder alcanzar. Por eso preferí dejarlo todo al azar y ese me respondió que no era tiempo, que tal vez nunca sea tiempo y sin embargo aún no aprendo a dejar de aferrarme a esa posibilidad.
No tengo ninguna prueba fehaciente de ese intento fallido mío por encontrar un destino que que a lo mejor no es el mío. Ningún recuerdo material a no ser ese pedazo de papel que delata mi inesperada audacia para sumir papeles inventados y ese libro que no llegó a sus manos y que lleva la marca de mi cobardía en esas hojas arrancadas. Queda solo eso y el desconcierto de no saber en realidad para qué carambas terminé en ese lugar , aquella mañana. Ese 19 de febrero, que a veces me parece que nunca pasó, porque no sé si fue final , comienzo o un hasta pronto.
Con frecuencia me pregunto porque dejé pasar esa oportunidad de alcanzar eso que tanto había esperado. Ese día , en ese lugar , habría bastado solo una palabra mía, unas cuantas actitudes y casi con seguridad habría logrado mi objetivo. Pero no lo hice. Preferí tomar el otro camino, ese que tanto me gusta seguir y que hasta el momento no me ha dado sino sinsabores. Esperé por una señal, por esa dichosa señal que jamás llegó o que tal vez no supe ver. Y el asunto es que los minutos se me escurrieron, la esperanza se derritió y mi sueño se esfumó.
Tengo tan vivas las imágenes de ese día, de esos minutos no interminables sino tan acelerados; de esas personas que aparecían y desaparecían sin ser ninguna la indicada, esa que yo esperaba. Tengo tan presente esa angustia que me invadía, esa impotencia de saberme tan cerca y tan lejos, tan abrumadoramente cerca de su espacio pero tan lejos de su mente. Y esperaba, y esperaba y seguía esperando por esa señal sin atinar a nada más.
Creo que si me detengo y lo analizo sé muy bien por qué no lo hice, por qué dejé pasar esa oportunidad. Fue miedo. Un miedo arrollador a terminar de matar esa ilusión, a comprobar que ese era el final escrito, que aunque apareciera, aunque llegara, eso que para mí era un punto de quiebre, no era más que una anécdota.
Me dio miedo la verdad, la posibilidad de encontrarme con el vacío. que es tal vez peor que seguir conviviendo con la ansiedad de querer y no poder alcanzar. Por eso preferí dejarlo todo al azar y ese me respondió que no era tiempo, que tal vez nunca sea tiempo y sin embargo aún no aprendo a dejar de aferrarme a esa posibilidad.
No tengo ninguna prueba fehaciente de ese intento fallido mío por encontrar un destino que que a lo mejor no es el mío. Ningún recuerdo material a no ser ese pedazo de papel que delata mi inesperada audacia para sumir papeles inventados y ese libro que no llegó a sus manos y que lleva la marca de mi cobardía en esas hojas arrancadas. Queda solo eso y el desconcierto de no saber en realidad para qué carambas terminé en ese lugar , aquella mañana. Ese 19 de febrero, que a veces me parece que nunca pasó, porque no sé si fue final , comienzo o un hasta pronto.
martes, 21 de julio de 2009
Los caminos de la vida...
He vivido en una burbuja de sueños, aparentemente blindada frente a la tristeza, a la pérdida, a la sensación palpable y real de que el mundo se caía sobre mi cabeza.
Pero siempre hay una primera vez para todo y aunque he de decir he perdido pocas batallas- tal vez porque casi nunca me atreví a emprender alguna-puedo jurar que sé lo que es ese vacío tan grande que te asfixia; esa sensación de angustia, aturdimiento, cuando todo lo que está a tu alrededor no parece más que un holograma borroso. Entiendo lo que es ver tu sueño escurrirse entre tus dedos, morir de a pocos o de golpe, caer en un pozo sin remedio, hundirse entre las arenas movedizas de la realidad.
Pero he aprendido a no quebrarme, a aceptar lo inevitable, a esperar por lo esperable. He decidido no desear lo lo mejor ni tampoco lo peor, sino solo lo que está escrito para mí. Así, con sus más y sus menos, con sus mágicas penurias y sus nostalgias inmóviles, con las alegrías de patas cortas y las grandes felicidades, esas que te impermeabilizan el corazón y lo protegen en las horas de dolor.
He entregado mis penas a tus manos y he colocado mis esperanzas en el corazón. Convierte las primeras en sabiduría y ayudame a atesorar las segundas donde nadie pueda encontrarlas y acabar con ellas. No dejes que el tiempo y la resignación las maten, no permitas que desconfíe de mi poder, de tu sabia decisión, de los designios que existen a pesar de mí y mis persistentes obsesiones.
Hoy he visto - otra vez- escapar lo que creí que era para mí. Hoy he oído -otra vez- que mi tiempo no es tu tiempo y tengo que ser paciente. Hoy he sentido- otra vez- que algo imprescindible se alejaba y yo que tanto había aprendido y tanto había decidido solo pude entregarme a esas lágrimas que brotaban sin remedio y confiar y esperar , porque todos los caminos conducen al lugar que está escrito para uno.
Pero siempre hay una primera vez para todo y aunque he de decir he perdido pocas batallas- tal vez porque casi nunca me atreví a emprender alguna-puedo jurar que sé lo que es ese vacío tan grande que te asfixia; esa sensación de angustia, aturdimiento, cuando todo lo que está a tu alrededor no parece más que un holograma borroso. Entiendo lo que es ver tu sueño escurrirse entre tus dedos, morir de a pocos o de golpe, caer en un pozo sin remedio, hundirse entre las arenas movedizas de la realidad.
Pero he aprendido a no quebrarme, a aceptar lo inevitable, a esperar por lo esperable. He decidido no desear lo lo mejor ni tampoco lo peor, sino solo lo que está escrito para mí. Así, con sus más y sus menos, con sus mágicas penurias y sus nostalgias inmóviles, con las alegrías de patas cortas y las grandes felicidades, esas que te impermeabilizan el corazón y lo protegen en las horas de dolor.
He entregado mis penas a tus manos y he colocado mis esperanzas en el corazón. Convierte las primeras en sabiduría y ayudame a atesorar las segundas donde nadie pueda encontrarlas y acabar con ellas. No dejes que el tiempo y la resignación las maten, no permitas que desconfíe de mi poder, de tu sabia decisión, de los designios que existen a pesar de mí y mis persistentes obsesiones.
Hoy he visto - otra vez- escapar lo que creí que era para mí. Hoy he oído -otra vez- que mi tiempo no es tu tiempo y tengo que ser paciente. Hoy he sentido- otra vez- que algo imprescindible se alejaba y yo que tanto había aprendido y tanto había decidido solo pude entregarme a esas lágrimas que brotaban sin remedio y confiar y esperar , porque todos los caminos conducen al lugar que está escrito para uno.
sábado, 18 de julio de 2009
Jugando a ser feliz
Hay días que me resultan sorprendentemente fáciles. Días en que a diferencia del cómún, no me cuesta tanto engancharme a mi presente y perdonarme mi pasado. Hoy es uno de esos raros días. Me siento tranquila, en paz, no sé si decir feliz porque la dichosa palabrita se me hace a veces muy grande y complicada y tengo miedo que se me vuelva esquiva si la administro mal y ando mentándola por doquier. Pero no sé. Tal vez estoy jugando a serlo, aunque sin proponérmelo, porque si algo hay que me caracterice es que me propongo pocas cosas y las que he intentado no me han salido demasiado bien. La mía es una colección de planes truncos, de proyectos frustrados, de sueños rotos: la gran mayoría seguramente por culpa mía y esa poca convicción y valentía para alcanzar las cosas que quiero, pero tampoco puedo desacartar que haya jugado e mi contra algo de mala suerte o ese plan maestro y divino que llamamos destino. Tal vez mi destino no es estar donde quiero estar sino donde debo.Tal vez mis tiempos y urgencias no tienen nada que ver con lo que está escrito para mí , si es que algo hay escrito- y espero que asi sea porque sino empiezo a preocuparme. Lo cierto es hoy- como pocas veces- nome he puesto a pensar en ello. Hoy me basta con saber que estoy aquí y que lo venga será parte de la sorpresa permanente que es la vida y no sé bien por qué presiento que será agradable.
jueves, 9 de julio de 2009
Navegando
Sin duda, nada de esto lograba quitarle el sueño, aún a pesar de los reclamos de su madre que constantemente repetía que a sus 36 años ya debía pensar en asentarse y formar una familia o "por lo menos" conservar el trabajo que tanto le costo encontrar. Andreia sabía que nada de eso servía si no lograba sentir cada paso que daba como suyo. Ella no iba a renunciar a su libertad ni a la fascinante posibilidad de poder seguir eligiendo sus travesías. Pero había que sobrevivir y pagar cuentas, así que ni bien terminó son los papeles del empleo anterior empezó a buscar trabajo. Pasó lo que siempre pasa, sea Río o Madrid, los trabajos interesantes y bien remunerados escasean, son una combinación en extinción. Así que, tuvo que elegir entre lo lucrativo o lo satisfactorio y, dadas las circunstancias, el dinero era lo más importante. Consiguió convertirse en asistente de producción de un programa concurso. El sueldo era bueno pero el reto profesional era mínimo. Todo consistía en preparar rutinas o guiones pueriles y asegurar la visita de famosillos. Nada que ver con sus inquietudes. Nada que ver con eso que imaginó cuando terminó la facultad. Pero la realidad es lo que hay y ante eso no queda más que acomodarse, respirar profundo y seguir para adelante.
Lo intentó por un par de meses, pero un buen día- casi llegando al fin de año- algo en ella se volvío a rebelar y simplemente renunció. Tomó sus ahorros, armó una pequeña maleta y decidió que recibiría el 2009 en Guatemala. Llamó a la línea aérea y se dispuso a usar el boleto que casi un año antes le había comprado su novio- ahora era su ex y vivía en Antigua- para que fuera a visitarlo.
Sintió que era el momento adecuado. No iria en busca de una relacion ya extinguida sino en busca de lo que esa nueva travesía podía traerle. Haber guardado ese boleto era como una señal-por lo menos así lo sentía ella- de que había busquedas que aún no había realizado y que quedarse en el puerto era lo seguro pero no lo lógico.
Se marchó un día 30, no sin antes dejarle una nota de saludo y despedida a su madre, que finalmente era la única persona que a pesar de no comprenderla la quería ."Es tiempo de zarpar, el próximo puerto espera y yo solo se vivir navegando".
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)

