De vez en cuando me gusta encontrarme cara a cara con la realidad, esa que a veces parezco olvidar por estar enfrascada en mis propios mini dramas personales y enfocada únicamente en esos planes que aún aspiro realizar. Cuando logro escabullirme de ese mundo que he creado a mi alrededor- lo que me resulta cada vez más difícil- me encuentro con que las cosas, la vida , la gente en las calles, esconde demasiadas sorpresas no siempre agradables. Retazos de historia que tratan de contarte en solo un minuto para lograr que empatices, que te conmuevas, que abandones por un momento tus problemas y recuerdes que allá afuera siempre hay algo peor sucediendo, siempre hay un ser humano que está pasando por una situación infinitamente más difícil que la tuya y simplemente tiene el coraje de bancarsela y seguir buscándose la vida.
Por eso ayer me subí a un bus, después de mucho. Tenía que ir al Centro a buscar una persona, a seguir intentando, a tratar de bancarme lo que pasa y no me gusta. Y de pronto allí , en medio de mi viaje y rompiendo la quietud- o más bien la inquietud- de mis pensamientos, apareció ese hombre, flaco , desdentado, con la piel color gris- ese gris que anuncia enfermedad y tal vez algo peor. Cuando lo ví, allí parado , empezaba el típico discurso con que se encuentra uno en esos casos " amigo, disculpa por interrumpir tu tranquilo viaje...". Continuo contando su historia. Era trujillano. Había llegado a Lima para trabajar, buscó un empleo y le mandaron a sacar un certificado de salud. Se hizo los análisis y oh sorpresa, la prueba de Elisa dio positiva. Portador de VIH, fue la etiqueta que cargaría desde entoncesy para siempre. Adiós trabajo , adiós salud, adiós futuro. Todo esfumado en un solo instante, pensaba mientras le seguia escuchando.
"Voy todos los días al Hospital Dos de Mayo, al pabellón Santa Rosa, destinado a tratar a todos los enfermos de SIDA. Allí recojo tres pastillas- mis antiretrovirales- que no me van a curar, pero me ayudan a vivir ,a seguir luchando hasta que Dios disponga", seguía contando y yo solo podía pensar cuan ajeno vive uno a ese mundo, a esas vidas que pugnan por una esperanza, que están ahi, en ese pabellón por tan distintas razones y sin embargo condenados a un mismo final. tal vez alguna vez debería visitar ese lugar para entender un poco más lo que es la vida, lo que es la muerte, lo que es el sufrimiento de verdad.
Cuando pensé que ya iba terminando y solo atinaría a pedir dinero. Sacó su bolsa de caramelos, tal vez convencido que en estos tiempos nadie te da algo a cambio de nada, por más conmovedor que resulte el caso; o tal vez lo hizo porque ese pequeño intento de ser útil y producir sin apelar solo a la compasión, era mejor visto, era aún más conmovedor y no habia demasido espacio para la negativa. Ya estaba yo a punto de sacr las monedas de mi billetera, cuando reparé en un detalle. Ese pobre hombre desgraciado, sin suerte y que llevaba a cuestas una enfermedad mortal, cargaba también una pulsera de oro y una argolla enla oreja que parecía también hechade ese metal precioso y carísimo. En ese momento mi chip desconfiado saltó, esos accesorios eran o parecían e oro...así que es que había dicho antes de que prefería subr a un micro en vez de robar - frase que siempre me sonó a algo entre chantaje y amenaza- no era tan cierto y solo en ese preciso instante reparé en lo fácil que ser envuelto en una historia dramática y lacrimógena y no se detiene uno a pensar en los detalles.
No digo que el hombre ese no tuviera de verdad la enferedad. En realidad es muy probable que así sea porque su semblante lo delata. pero la verdad es que , los detallitos en oro me hicieron pensar, y solo por si acaso preferí guardarme esas monedas para algien menos ostentoso.
jueves, 27 de agosto de 2009
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1 comentario:
a veces pienso en ayudar a un niño, pero quizas su padres lo explotan, no puedo cambiar eso, de todos modos ayudar de otra forma cuenta.
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